Una persona inesperada me devolvió las ganas de enamorarme — Puno: una conversación que lo cambió todo
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 31 años, vivo en Puno y llevaba 4 años sin una relación seria. La persona de esta historia es una persona que conocí en una aplicación; hablamos varias semanas antes de atrevernos a vernos en persona.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la manera tranquila de escuchar sin interrumpir, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 9 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
El momento que cambió todo ocurrió durante una caminata después del trabajo. Me tomó de la mano para tranquilizarme y sentí una cercanía que ya no parecía solo amistad. Yo intenté actuar con normalidad, pero empecé a notar cada ausencia y cada despedida mucho más de la cuenta.
Me confesó que siente algo por mí, aunque pidió tiempo para ordenar su vida antes de comenzar una relación. En pocos meses se mudará por trabajo y ninguno quiere prometer algo que quizá no podamos sostener a distancia. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
No quiero idealizar a esta persona, pero tampoco minimizar lo bien que me hace sentir su presencia. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Creen que una relación que nace de una amistad tiene más posibilidades o más cosas que perder?
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