Una persona inesperada me devolvió las ganas de enamorarme — Huánuco: el día en que todo dejó de parecer sencillo
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 28 años, vivo en Huánuco y había tenido varias citas que no llegaron a ninguna parte. La persona de esta historia es una persona que conocí haciendo voluntariado; la admiración apareció antes que la atracción y eso me desarmó por completo.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo los mensajes que llegaban justo cuando tenía un día difícil, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 9 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
En una tarde de lluvia, alguien del grupo preguntó en broma si éramos pareja. Los dos nos reímos, pero después evitamos mirarnos durante varios minutos. Yo intenté actuar con normalidad, pero empecé a notar cada ausencia y cada despedida mucho más de la cuenta.
Acordamos salir en serio durante un mes y después conversar, pero yo ya estoy mucho más involucrado de lo que pensaba. Yo tengo planes de cambiar de ciudad y esa persona acaba de establecerse donde vive. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
A veces cuidar una historia significa esperar; otras veces significa atreverse a nombrarla. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Vale la pena comenzar algo sabiendo que pronto tendremos que enfrentar la distancia?
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