La amistad dejó de sentirse inocente — Iquitos: meses de dudas y una decisión pendiente
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 45 años, vivo en Iquitos y había tenido varias citas que no llegaron a ninguna parte. La persona de esta historia es una persona que volvió a mi vida después de muchos años; nos despedimos jóvenes y reaparecimos con historias completamente distintas.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo los mensajes que llegaban justo cuando tenía un día difícil, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 7 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Una noche, después de una caminata después del trabajo, confesó que esperaba mis mensajes más de lo que quería admitir. Yo sentía exactamente lo mismo. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Estamos actuando como pareja sin decir que lo somos, y esa indefinición empieza a dolerme. Una relación anterior todavía aparece de vez en cuando y eso me hace dudar de si existe espacio real para algo nuevo. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Sé que una conexión bonita también necesita conversaciones incómodas para convertirse en algo real. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Vale la pena comenzar algo sabiendo que pronto tendremos que enfrentar la distancia?
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