Nos comportamos como pareja, aunque nadie se atreve a decirlo — Chincha: el día en que todo dejó de parecer sencillo
Esta historia parece pequeña cuando la resumo, pero lleva meses ocupando casi todos mis pensamientos. Tengo 27 años, vivo en Chincha y pensaba que ya no volvería a sentir una conexión tranquila con alguien. La persona de esta historia es alguien que veía cada mañana en una cafetería; durante semanas solo intercambiamos saludos hasta que un día no hubo mesas libres.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo el asiento que siempre guardaba a mi lado, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 8 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
El momento que cambió todo ocurrió durante una videollamada que se alargó. Me tomó de la mano para tranquilizarme y sentí una cercanía que ya no parecía solo amistad. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Todavía no le he dicho directamente lo que siento, aunque sospecho que ya lo sabe por la forma en que me mira. Ninguno quiere ser el primero en ponerle un nombre a lo que está ocurriendo por miedo a presionar al otro. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
El miedo a perder la amistad me ha protegido del rechazo, aunque también me mantiene lejos de una respuesta. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Debería decirle con claridad lo que siento aunque exista el riesgo de perder la amistad?
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