Un detalle cambió la forma en que veía nuestra historia — Arequipa: una historia que todavía sigue abierta · nadie de mi entorno lo sabe
Esta historia parece pequeña cuando la resumo, pero lleva meses ocupando casi todos mis pensamientos. Tengo 24 años, vivo en Arequipa y pensaba que ya no volvería a sentir una conexión tranquila con alguien. La persona de esta historia es una persona que conocí haciendo voluntariado; la admiración apareció antes que la atracción y eso me desarmó por completo.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo los mensajes que llegaban justo cuando tenía un día difícil, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 8 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Una noche, después de una tarde de lluvia, confesó que esperaba mis mensajes más de lo que quería admitir. Yo sentía exactamente lo mismo. Yo intenté actuar con normalidad, pero empecé a notar cada ausencia y cada despedida mucho más de la cuenta.
Estamos actuando como pareja sin decir que lo somos, y esa indefinición empieza a dolerme. En pocos meses se mudará por trabajo y ninguno quiere prometer algo que quizá no podamos sostener a distancia. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
No quiero idealizar a esta persona, pero tampoco minimizar lo bien que me hace sentir su presencia. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Esperarían a que la situación se resuelva sola o tomarían la iniciativa?
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