Una persona inesperada me devolvió las ganas de enamorarme — Puerto Maldonado: el día en que todo dejó de parecer sencillo
Esta historia parece pequeña cuando la resumo, pero lleva meses ocupando casi todos mis pensamientos. Tengo 29 años, vivo en Puerto Maldonado y pensaba que ya no volvería a sentir una conexión tranquila con alguien. La persona de esta historia es una persona con la que comparto un curso; empezamos ayudándonos con tareas y terminamos hablando de nuestra vida.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la forma en que recordaba detalles que yo olvidaba, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 10 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
En una caminata después del trabajo, alguien del grupo preguntó en broma si éramos pareja. Los dos nos reímos, pero después evitamos mirarnos durante varios minutos. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. En pocos meses se mudará por trabajo y ninguno quiere prometer algo que quizá no podamos sostener a distancia. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Sé que una conexión bonita también necesita conversaciones incómodas para convertirse en algo real. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Debería decirle con claridad lo que siento aunque exista el riesgo de perder la amistad?
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