Nos comportamos como pareja, aunque nadie se atreve a decirlo — Tarapoto: una conversación que lo cambió todo
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 36 años, vivo en Tarapoto y llevaba 5 años sin una relación seria. La persona de esta historia es una persona que volvió a mi vida después de muchos años; nos despedimos jóvenes y reaparecimos con historias completamente distintas.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la risa que intentaba disimular en momentos serios, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 8 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Una noche, después de una reunión del grupo, confesó que esperaba mis mensajes más de lo que quería admitir. Yo sentía exactamente lo mismo. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Hace unos días nos besamos por primera vez y desde entonces todo se siente más bonito, pero también más frágil. Nuestras familias tienen expectativas muy distintas y ya empezaron a opinar sin que siquiera hayamos definido lo que somos. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
A veces cuidar una historia significa esperar; otras veces significa atreverse a nombrarla. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Creen que una relación que nace de una amistad tiene más posibilidades o más cosas que perder?
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