Tengo miedo de decir lo que siento — Puno: una promesa difícil de cumplir
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 30 años, vivo en Puno y estaba concentrado en el trabajo y convencido de que el amor podía esperar. La persona de esta historia es una persona divorciada que conocí en una reunión; ambos llegamos sin ganas de conocer a nadie y terminamos hablando hasta el final.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo una libreta donde anotaba todo, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 3 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
El momento que cambió todo ocurrió durante un concierto. Me tomó de la mano para tranquilizarme y sentí una cercanía que ya no parecía solo amistad. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Estamos actuando como pareja sin decir que lo somos, y esa indefinición empieza a dolerme. Tiene miedo de comenzar otra relación porque la anterior terminó muy mal y todavía desconfía de sus propias emociones. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Estoy intentando separar lo que deseo de lo que realmente podemos construir con nuestras vidas actuales. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Debería decirle con claridad lo que siento aunque exista el riesgo de perder la amistad?
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