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Fantasma #480103/03/2026 · Ayacucho
❤️Amor
✦ Historia editorial

Una persona inesperada me devolvió las ganas de enamorarme — Ayacucho: una promesa difícil de cumplir

Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 45 años, vivo en Ayacucho y estaba concentrado en el trabajo y convencido de que el amor podía esperar. La persona de esta historia es alguien que veía cada mañana en una cafetería; durante semanas solo intercambiamos saludos hasta que un día no hubo mesas libres.

La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo las coincidencias de horario que parecían casuales, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 6 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.

Una noche, después de una visita inesperada, confesó que esperaba mis mensajes más de lo que quería admitir. Yo sentía exactamente lo mismo. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.

Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. Nuestras familias tienen expectativas muy distintas y ya empezaron a opinar sin que siquiera hayamos definido lo que somos. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.

Estoy intentando separar lo que deseo de lo que realmente podemos construir con nuestras vidas actuales. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Esperarían a que la situación se resuelva sola o tomarían la iniciativa?

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