La amistad dejó de sentirse inocente — Puno: el miedo de empezar nuevamente
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 46 años, vivo en Puno y acababa de salir de una etapa en la que había decidido no involucrarme con nadie. La persona de esta historia es una vecina del edificio; nos saludábamos en el ascensor hasta que una falla de agua nos hizo conversar de verdad.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la paciencia con la que explicaba las cosas, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 3 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
El momento que cambió todo ocurrió durante una mudanza. Me tomó de la mano para tranquilizarme y sentí una cercanía que ya no parecía solo amistad. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Estamos actuando como pareja sin decir que lo somos, y esa indefinición empieza a dolerme. Los dos tenemos horarios complicados y responsabilidades que hacen que vernos sea mucho más difícil de lo que parecía. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Sé que una conexión bonita también necesita conversaciones incómodas para convertirse en algo real. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Esperarían a que la situación se resuelva sola o tomarían la iniciativa?
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