Tengo miedo de decir lo que siento — Ayacucho: el día en que todo dejó de parecer sencillo
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 23 años, vivo en Ayacucho y llevaba 4 años sin una relación seria. La persona de esta historia es alguien que conocí por una amiga en común; el grupo empezó a juntarse seguido y nuestra conversación siempre terminaba aparte.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo los almuerzos sencillos después del trabajo, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 11 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Una noche, después de un concierto, confesó que esperaba mis mensajes más de lo que quería admitir. Yo sentía exactamente lo mismo. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Todavía no le he dicho directamente lo que siento, aunque sospecho que ya lo sabe por la forma en que me mira. Nuestro grupo de amigos es muy unido y ambos tememos que una relación fallida termine dividiéndolo. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
El miedo a perder la amistad me ha protegido del rechazo, aunque también me mantiene lejos de una respuesta. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Vale la pena comenzar algo sabiendo que pronto tendremos que enfrentar la distancia?
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