La amistad dejó de sentirse inocente — Trujillo: lo que ocurrió cuando dejé de fingir
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 44 años, vivo en Trujillo y pensaba que ya no volvería a sentir una conexión tranquila con alguien. La persona de esta historia es una persona divorciada que conocí en una reunión; ambos llegamos sin ganas de conocer a nadie y terminamos hablando hasta el final.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la manera tranquila de escuchar sin interrumpir, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 8 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Todo se volvió evidente cuando pasé una semana difícil y fue la única persona que apareció sin que yo tuviera que pedir ayuda. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Hace unos días nos besamos por primera vez y desde entonces todo se siente más bonito, pero también más frágil. Nuestro grupo de amigos es muy unido y ambos tememos que una relación fallida termine dividiéndolo. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
A veces cuidar una historia significa esperar; otras veces significa atreverse a nombrarla. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Cómo hablarían ustedes de esto sin convertirlo en una presión?
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