Un detalle cambió la forma en que veía nuestra historia — Tumbes: el detalle que nadie más conocía
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 25 años, vivo en Tumbes y estaba concentrado en el trabajo y convencido de que el amor podía esperar. La persona de esta historia es alguien que veía cada mañana en una cafetería; durante semanas solo intercambiamos saludos hasta que un día no hubo mesas libres.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo las caminatas sin rumbo después de cenar, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 3 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
En una tarde de lluvia, alguien del grupo preguntó en broma si éramos pareja. Los dos nos reímos, pero después evitamos mirarnos durante varios minutos. Yo intenté actuar con normalidad, pero empecé a notar cada ausencia y cada despedida mucho más de la cuenta.
Estamos actuando como pareja sin decir que lo somos, y esa indefinición empieza a dolerme. En pocos meses se mudará por trabajo y ninguno quiere prometer algo que quizá no podamos sostener a distancia. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Estoy intentando separar lo que deseo de lo que realmente podemos construir con nuestras vidas actuales. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Creen que una relación que nace de una amistad tiene más posibilidades o más cosas que perder?
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