Pensé que solo era amistad hasta aquella noche — Cajamarca: una promesa difícil de cumplir
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 34 años, vivo en Cajamarca y acababa de salir de una etapa en la que había decidido no involucrarme con nadie. La persona de esta historia es una persona de otra área del trabajo; coincidíamos solo en reuniones y al principio hablábamos únicamente de pendientes.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo los almuerzos sencillos después del trabajo, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 9 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
En una tarde de lluvia, alguien del grupo preguntó en broma si éramos pareja. Los dos nos reímos, pero después evitamos mirarnos durante varios minutos. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. Los dos tenemos horarios complicados y responsabilidades que hacen que vernos sea mucho más difícil de lo que parecía. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Sé que una conexión bonita también necesita conversaciones incómodas para convertirse en algo real. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Esperarían a que la situación se resuelva sola o tomarían la iniciativa?
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