Pensé que solo era amistad hasta aquella noche — Puno: una conversación que lo cambió todo
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 40 años, vivo en Puno y estaba concentrado en el trabajo y convencido de que el amor podía esperar. La persona de esta historia es una amistad de mi grupo de viajes; habíamos compartido muchos planes sin notar lo que estaba creciendo entre nosotros.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo las coincidencias de horario que parecían casuales, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 7 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
En una reunión del grupo, alguien del grupo preguntó en broma si éramos pareja. Los dos nos reímos, pero después evitamos mirarnos durante varios minutos. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Estamos actuando como pareja sin decir que lo somos, y esa indefinición empieza a dolerme. Yo tengo planes de cambiar de ciudad y esa persona acaba de establecerse donde vive. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Estoy intentando separar lo que deseo de lo que realmente podemos construir con nuestras vidas actuales. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Cómo hablarían ustedes de esto sin convertirlo en una presión?
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