Un detalle cambió la forma en que veía nuestra historia — Ayacucho: el día en que todo dejó de parecer sencillo
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 43 años, vivo en Ayacucho y acababa de salir de una etapa en la que había decidido no involucrarme con nadie. La persona de esta historia es una vecina del edificio; nos saludábamos en el ascensor hasta que una falla de agua nos hizo conversar de verdad.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo los almuerzos sencillos después del trabajo, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 11 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
El momento que cambió todo ocurrió durante un viaje corto. Me tomó de la mano para tranquilizarme y sentí una cercanía que ya no parecía solo amistad. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Me confesó que siente algo por mí, aunque pidió tiempo para ordenar su vida antes de comenzar una relación. En pocos meses se mudará por trabajo y ninguno quiere prometer algo que quizá no podamos sostener a distancia. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Sé que una conexión bonita también necesita conversaciones incómodas para convertirse en algo real. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Cómo hablarían ustedes de esto sin convertirlo en una presión?
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