Un detalle cambió la forma en que veía nuestra historia — Huancayo: el detalle que nadie más conocía
Esta historia parece pequeña cuando la resumo, pero lleva meses ocupando casi todos mis pensamientos. Tengo 42 años, vivo en Huancayo y estaba concentrado en el trabajo y convencido de que el amor podía esperar. La persona de esta historia es una amistad que comenzó por redes sociales; pasamos de responder historias a hablar casi todos los días.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo las llamadas cortas que terminaban durando más de una hora, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 2 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
El momento que cambió todo ocurrió durante una cena con amigos. Me tomó de la mano para tranquilizarme y sentí una cercanía que ya no parecía solo amistad. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Estamos actuando como pareja sin decir que lo somos, y esa indefinición empieza a dolerme. Nuestras familias tienen expectativas muy distintas y ya empezaron a opinar sin que siquiera hayamos definido lo que somos. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
A veces cuidar una historia significa esperar; otras veces significa atreverse a nombrarla. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Esperarían a que la situación se resuelva sola o tomarían la iniciativa?
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