Pensé que solo era amistad hasta aquella noche — Trujillo: meses de dudas y una decisión pendiente
Esta historia parece pequeña cuando la resumo, pero lleva meses ocupando casi todos mis pensamientos. Tengo 33 años, vivo en Trujillo y llevaba 3 años sin una relación seria. La persona de esta historia es alguien que vive en otra ciudad; nos conocimos durante un viaje y después mantuvimos el contacto a distancia.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la broma interna que nadie más entendía, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 6 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Todo se volvió evidente cuando pasé una semana difícil y fue la única persona que apareció sin que yo tuviera que pedir ayuda. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. Hay una diferencia de edad que a nosotros no nos pesa, pero sí provoca comentarios de otras personas. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
A veces cuidar una historia significa esperar; otras veces significa atreverse a nombrarla. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Cómo hablarían ustedes de esto sin convertirlo en una presión?
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