Tengo miedo de decir lo que siento — Abancay: el miedo de empezar nuevamente
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 30 años, vivo en Abancay y pensaba que ya no volvería a sentir una conexión tranquila con alguien. La persona de esta historia es alguien que conocí en una boda; ninguno conocía a muchas personas y terminamos acompañándonos durante toda la fiesta.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo las caminatas sin rumbo después de cenar, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 5 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Una noche, después de una visita inesperada, confesó que esperaba mis mensajes más de lo que quería admitir. Yo sentía exactamente lo mismo. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. Yo tengo planes de cambiar de ciudad y esa persona acaba de establecerse donde vive. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
No quiero idealizar a esta persona, pero tampoco minimizar lo bien que me hace sentir su presencia. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Creen que una relación que nace de una amistad tiene más posibilidades o más cosas que perder?
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