Nos comportamos como pareja, aunque nadie se atreve a decirlo — Pucallpa: una conversación que lo cambió todo
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 26 años, vivo en Pucallpa y pensaba que ya no volvería a sentir una conexión tranquila con alguien. La persona de esta historia es una amistad que comenzó por redes sociales; pasamos de responder historias a hablar casi todos los días.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo las coincidencias de horario que parecían casuales, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 6 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
En una visita inesperada, alguien del grupo preguntó en broma si éramos pareja. Los dos nos reímos, pero después evitamos mirarnos durante varios minutos. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. Nuestro grupo de amigos es muy unido y ambos tememos que una relación fallida termine dividiéndolo. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
No quiero idealizar a esta persona, pero tampoco minimizar lo bien que me hace sentir su presencia. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Creen que una relación que nace de una amistad tiene más posibilidades o más cosas que perder?
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