Tengo miedo de decir lo que siento — Chimbote: lo que ocurrió cuando dejé de fingir
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 24 años, vivo en Chimbote y acababa de salir de una etapa en la que había decidido no involucrarme con nadie. La persona de esta historia es mi mejor amistad desde el instituto; nos conocemos desde hace años y siempre habíamos cuidado mucho la amistad.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo los mensajes que llegaban justo cuando tenía un día difícil, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 4 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
El momento que cambió todo ocurrió durante un cumpleaños pequeño. Me tomó de la mano para tranquilizarme y sentí una cercanía que ya no parecía solo amistad. Yo intenté actuar con normalidad, pero empecé a notar cada ausencia y cada despedida mucho más de la cuenta.
Acordamos salir en serio durante un mes y después conversar, pero yo ya estoy mucho más involucrado de lo que pensaba. Yo tengo planes de cambiar de ciudad y esa persona acaba de establecerse donde vive. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Sé que una conexión bonita también necesita conversaciones incómodas para convertirse en algo real. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Debería decirle con claridad lo que siento aunque exista el riesgo de perder la amistad?
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