Un detalle cambió la forma en que veía nuestra historia — Chincha: una historia que todavía sigue abierta · cada día lo veo de una forma distinta
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 27 años, vivo en Chincha y acababa de salir de una etapa en la que había decidido no involucrarme con nadie. La persona de esta historia es mi mejor amistad desde el instituto; nos conocemos desde hace años y siempre habíamos cuidado mucho la amistad.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la forma en que recordaba detalles que yo olvidaba, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 5 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Una noche, después de una cena con amigos, confesó que esperaba mis mensajes más de lo que quería admitir. Yo sentía exactamente lo mismo. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. Los dos tenemos horarios complicados y responsabilidades que hacen que vernos sea mucho más difícil de lo que parecía. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
El miedo a perder la amistad me ha protegido del rechazo, aunque también me mantiene lejos de una respuesta. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Creen que una relación que nace de una amistad tiene más posibilidades o más cosas que perder?
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en responder.