La amistad dejó de sentirse inocente — Pucallpa: una historia que todavía sigue abierta
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 34 años, vivo en Pucallpa y acababa de salir de una etapa en la que había decidido no involucrarme con nadie. La persona de esta historia es una madre o padre soltero que conocí por amigos; su manera de cuidar a su familia me hizo verlo de una forma distinta.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo un postre que compraba cada vez que nos veíamos, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 4 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
En una boda, alguien del grupo preguntó en broma si éramos pareja. Los dos nos reímos, pero después evitamos mirarnos durante varios minutos. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Hace unos días nos besamos por primera vez y desde entonces todo se siente más bonito, pero también más frágil. Los dos tenemos horarios complicados y responsabilidades que hacen que vernos sea mucho más difícil de lo que parecía. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Estoy intentando separar lo que deseo de lo que realmente podemos construir con nuestras vidas actuales. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Vale la pena comenzar algo sabiendo que pronto tendremos que enfrentar la distancia?
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