Nos comportamos como pareja, aunque nadie se atreve a decirlo — Trujillo: una conversación que lo cambió todo
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 47 años, vivo en Trujillo y pensaba que ya no volvería a sentir una conexión tranquila con alguien. La persona de esta historia es una amistad de mi grupo de viajes; habíamos compartido muchos planes sin notar lo que estaba creciendo entre nosotros.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la risa que intentaba disimular en momentos serios, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 7 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Durante una mudanza, terminamos hablando a solas. Me dijo que conmigo podía mostrarse sin aparentar y esa frase se quedó conmigo. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Me confesó que siente algo por mí, aunque pidió tiempo para ordenar su vida antes de comenzar una relación. Los dos tenemos horarios complicados y responsabilidades que hacen que vernos sea mucho más difícil de lo que parecía. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Sé que una conexión bonita también necesita conversaciones incómodas para convertirse en algo real. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Estoy apurando una historia bonita por querer tener certezas demasiado pronto?
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