Una persona inesperada me devolvió las ganas de enamorarme — Puno: el detalle que nadie más conocía
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 27 años, vivo en Puno y acababa de salir de una etapa en la que había decidido no involucrarme con nadie. La persona de esta historia es alguien que veía cada mañana en una cafetería; durante semanas solo intercambiamos saludos hasta que un día no hubo mesas libres.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la costumbre de responder con audios larguísimos, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 4 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Todo se volvió evidente cuando pasé una semana difícil y fue la única persona que apareció sin que yo tuviera que pedir ayuda. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Me confesó que siente algo por mí, aunque pidió tiempo para ordenar su vida antes de comenzar una relación. Nuestro grupo de amigos es muy unido y ambos tememos que una relación fallida termine dividiéndolo. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
No quiero idealizar a esta persona, pero tampoco minimizar lo bien que me hace sentir su presencia. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Debería decirle con claridad lo que siento aunque exista el riesgo de perder la amistad?
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