Me enamoré cuando menos lo esperaba — Sullana: una historia que todavía sigue abierta
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 33 años, vivo en Sullana y acababa de salir de una etapa en la que había decidido no involucrarme con nadie. La persona de esta historia es alguien que conocí en una boda; ninguno conocía a muchas personas y terminamos acompañándonos durante toda la fiesta.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la paciencia con la que explicaba las cosas, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 9 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Durante una tarde de lluvia, terminamos hablando a solas. Me dijo que conmigo podía mostrarse sin aparentar y esa frase se quedó conmigo. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. Hay una diferencia de edad que a nosotros no nos pesa, pero sí provoca comentarios de otras personas. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
A veces cuidar una historia significa esperar; otras veces significa atreverse a nombrarla. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Cómo hablarían ustedes de esto sin convertirlo en una presión?
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