Tengo miedo de decir lo que siento — Puno: el día en que todo dejó de parecer sencillo
Si alguien me hubiera contado algo parecido hace un año, habría pensado que la respuesta era sencilla. Tengo 46 años, vivo en Puno y llevaba 4 años sin una relación seria. La persona de esta historia es alguien que conocí por una amiga en común; el grupo empezó a juntarse seguido y nuestra conversación siempre terminaba aparte.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo un mensaje de “¿llegaste bien?” que se volvió costumbre, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 4 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
El momento que cambió todo ocurrió durante una reunión del grupo. Me tomó de la mano para tranquilizarme y sentí una cercanía que ya no parecía solo amistad. Yo intenté actuar con normalidad, pero empecé a notar cada ausencia y cada despedida mucho más de la cuenta.
Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. Yo tengo planes de cambiar de ciudad y esa persona acaba de establecerse donde vive. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Estoy intentando separar lo que deseo de lo que realmente podemos construir con nuestras vidas actuales. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Creen que una relación que nace de una amistad tiene más posibilidades o más cosas que perder?
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