No debía sentir esto por una persona divorciada que conocí en un evento — Chimbote: la verdad que por fin necesitaba contar
No busco que me den la razón; solo necesito una opinión de alguien que no conozca a las personas involucradas. Tengo 43 años, la otra persona tiene 49 y ambos somos adultos. Vivo en Chimbote y acababa de terminar una relación larga y creía que necesitaba estar solo. Todo comenzó con una persona divorciada que conocí en un evento, a partir de la sinceridad con la que ambos hablamos de nuestras relaciones anteriores.
Durante casi 3 meses la atracción se construyó con detalles pequeños: la paciencia con la que explicaba las cosas, mensajes enviados cuando todos dormían y bromas que tenían un significado distinto para nosotros. Yo puse límites más de una vez porque entendía que la situación podía complicarse, pero también esperaba cada encuentro.
La situación cambió cuando se acercó para despedirse y ninguno se apartó. El primer beso fue lento, consciente y completamente correspondido. Tuvimos un momento muy íntimo y consciente. Al despertar, la confianza entre nosotros había cambiado y ya no era posible volver a las conversaciones de antes.
Al día siguiente hablamos para asegurarnos de que ninguno se sintiera incómodo o presionado. Los dos confirmamos que había sido una decisión compartida. Nuestros círculos se cruzan constantemente, así que fingir normalidad se ha convertido en una actuación agotadora. Desde entonces alterno entre querer repetirlo y desear que todo vuelva a ser sencillo.
No me arrepiento de que todo haya sido consensuado y cuidado, pero sí me preocupa haber abierto una historia para la que ninguno tenía un plan. La atracción sigue presente y ahora se mezcla con miedo, ternura y expectativa.
En público seguimos actuando como antes. Lo difícil es que ahora reconozco pequeños gestos que nadie más nota: la pausa antes de despedirnos, la forma de buscar un momento a solas y los mensajes que evitamos enviar cuando estamos acompañados.
Quiero evitar promesas nacidas únicamente de la intensidad y mirar con honestidad la realidad de los dos. Sé que el deseo puede hacer que uno idealice a una persona y que una noche intensa no garantiza una relación sana. Aun así, negar lo que siento tampoco está funcionando. ¿Vale la pena arriesgar la estabilidad por una historia que comenzó de esta manera?
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