La amistad dejó de sentirse inocente — Huaraz: una historia que todavía sigue abierta
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 25 años, vivo en Huaraz y acababa de salir de una etapa en la que había decidido no involucrarme con nadie. La persona de esta historia es alguien que veía cada mañana en una cafetería; durante semanas solo intercambiamos saludos hasta que un día no hubo mesas libres.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo las caminatas sin rumbo después de cenar, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 7 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
El momento que cambió todo ocurrió durante una tarde de lluvia. Me tomó de la mano para tranquilizarme y sentí una cercanía que ya no parecía solo amistad. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Todavía no le he dicho directamente lo que siento, aunque sospecho que ya lo sabe por la forma en que me mira. Nuestro grupo de amigos es muy unido y ambos tememos que una relación fallida termine dividiéndolo. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
A veces cuidar una historia significa esperar; otras veces significa atreverse a nombrarla. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Estoy apurando una historia bonita por querer tener certezas demasiado pronto?
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