Nos comportamos como pareja, aunque nadie se atreve a decirlo — Ayacucho: el detalle que nadie más conocía
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 48 años, vivo en Ayacucho y estaba concentrado en el trabajo y convencido de que el amor podía esperar. La persona de esta historia es alguien que conocí por una amiga en común; el grupo empezó a juntarse seguido y nuestra conversación siempre terminaba aparte.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo el café que siempre pedía sin azúcar, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 10 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
En una caminata después del trabajo, alguien del grupo preguntó en broma si éramos pareja. Los dos nos reímos, pero después evitamos mirarnos durante varios minutos. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Me confesó que siente algo por mí, aunque pidió tiempo para ordenar su vida antes de comenzar una relación. Los dos tenemos horarios complicados y responsabilidades que hacen que vernos sea mucho más difícil de lo que parecía. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Sé que una conexión bonita también necesita conversaciones incómodas para convertirse en algo real. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Esperarían a que la situación se resuelva sola o tomarían la iniciativa?
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