Nos comportamos como pareja, aunque nadie se atreve a decirlo — Lima: una promesa difícil de cumplir
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 32 años, vivo en Lima y estaba concentrado en el trabajo y convencido de que el amor podía esperar. La persona de esta historia es una amistad que comenzó por redes sociales; pasamos de responder historias a hablar casi todos los días.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la risa que intentaba disimular en momentos serios, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 5 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
En un cumpleaños pequeño, alguien del grupo preguntó en broma si éramos pareja. Los dos nos reímos, pero después evitamos mirarnos durante varios minutos. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Estamos actuando como pareja sin decir que lo somos, y esa indefinición empieza a dolerme. Yo tengo planes de cambiar de ciudad y esa persona acaba de establecerse donde vive. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
El miedo a perder la amistad me ha protegido del rechazo, aunque también me mantiene lejos de una respuesta. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Vale la pena comenzar algo sabiendo que pronto tendremos que enfrentar la distancia?
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