Me enamoré cuando menos lo esperaba — Abancay: una promesa difícil de cumplir
Me cuesta aceptar que una situación tan cotidiana haya terminado cambiando tantas cosas en mi vida. Tengo 40 años, vivo en Abancay y había tenido varias citas que no llegaron a ninguna parte. La persona de esta historia es una persona que volvió a mi vida después de muchos años; nos despedimos jóvenes y reaparecimos con historias completamente distintas.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la broma interna que nadie más entendía, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 8 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
La señal más clara llegó cuando me contó un plan importante para su futuro y, sin darse cuenta, habló como si yo ya formara parte de él. Desde ese día los mensajes cambiaron de tono y comenzamos a buscarnos incluso cuando no había una excusa concreta.
Hace unos días nos besamos por primera vez y desde entonces todo se siente más bonito, pero también más frágil. Nuestro grupo de amigos es muy unido y ambos tememos que una relación fallida termine dividiéndolo. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
El miedo a perder la amistad me ha protegido del rechazo, aunque también me mantiene lejos de una respuesta. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Debería decirle con claridad lo que siento aunque exista el riesgo de perder la amistad?
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios. Sé la primera persona en responder.