Un detalle cambió la forma en que veía nuestra historia — Chincha: una historia que todavía sigue abierta
Esta historia parece pequeña cuando la resumo, pero lleva meses ocupando casi todos mis pensamientos. Tengo 29 años, vivo en Chincha y estaba concentrado en el trabajo y convencido de que el amor podía esperar. La persona de esta historia es una madre o padre soltero que conocí por amigos; su manera de cuidar a su familia me hizo verlo de una forma distinta.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la paciencia con la que explicaba las cosas, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 7 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Todo se volvió evidente cuando pasé una semana difícil y fue la única persona que apareció sin que yo tuviera que pedir ayuda. Yo intenté actuar con normalidad, pero empecé a notar cada ausencia y cada despedida mucho más de la cuenta.
Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. Yo tengo planes de cambiar de ciudad y esa persona acaba de establecerse donde vive. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
A veces cuidar una historia significa esperar; otras veces significa atreverse a nombrarla. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Estoy apurando una historia bonita por querer tener certezas demasiado pronto?
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