Me enamoré cuando menos lo esperaba — Ica: una conversación que lo cambió todo
Nunca pensé que terminaría contando esto de manera anónima, pero necesito ordenar lo que siento. Tengo 36 años, vivo en Ica y estaba concentrado en el trabajo y convencido de que el amor podía esperar. La persona de esta historia es una persona de otra área del trabajo; coincidíamos solo en reuniones y al principio hablábamos únicamente de pendientes.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo la risa que intentaba disimular en momentos serios, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 7 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Durante un cumpleaños pequeño, terminamos hablando a solas. Me dijo que conmigo podía mostrarse sin aparentar y esa frase se quedó conmigo. Yo intenté actuar con normalidad, pero empecé a notar cada ausencia y cada despedida mucho más de la cuenta.
Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. Nuestro grupo de amigos es muy unido y ambos tememos que una relación fallida termine dividiéndolo. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
A veces cuidar una historia significa esperar; otras veces significa atreverse a nombrarla. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Vale la pena comenzar algo sabiendo que pronto tendremos que enfrentar la distancia?
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