Tengo miedo de decir lo que siento — Lima: una promesa difícil de cumplir
Llevo varios días escribiendo y borrando esta confesión porque no sé con quién hablarlo. Tengo 35 años, vivo en Lima y pensaba que ya no volvería a sentir una conexión tranquila con alguien. La persona de esta historia es una madre o padre soltero que conocí por amigos; su manera de cuidar a su familia me hizo verlo de una forma distinta.
La cercanía creció sin grandes gestos. Empezamos compartiendo los mensajes que llegaban justo cuando tenía un día difícil, después llegaron las conversaciones sobre familia, miedos y planes que normalmente uno no cuenta tan rápido. Durante casi 7 meses insistí en que solo estaba disfrutando de una buena amistad, aunque cada vez esperaba más nuestros encuentros.
Todo se volvió evidente cuando pasé una semana difícil y fue la única persona que apareció sin que yo tuviera que pedir ayuda. No pasó nada dramático; simplemente dejamos de hablar y nos quedamos mirándonos con una sinceridad nueva.
Nos alejamos unos días para pensar, pero el silencio solo me confirmó cuánto extraño su presencia. Tiene miedo de comenzar otra relación porque la anterior terminó muy mal y todavía desconfía de sus propias emociones. Lo extraño es que cuando estamos juntos todo parece sencillo, pero al pensar en el futuro aparecen demasiadas preguntas.
Estoy intentando separar lo que deseo de lo que realmente podemos construir con nuestras vidas actuales. No quiero perder una conexión que me hace bien, pero tampoco deseo quedarme en una espera indefinida por miedo a hablar. ¿Debería decirle con claridad lo que siento aunque exista el riesgo de perder la amistad?
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